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viernes, 27 de noviembre de 2020

El Thinker vs el Feeler: el triunfo de Pathos sobre el Logos y el Ethos

The Thinker vs The Feeler


¿Sentimientos? Nuestra época, reaccionaria e inclinada al puritanismo, con tendencia a caer a los extremos, contradictoriamente tecnológica y simplista, y todo al mismo tiempo, queda reflejada en esta viñeta: ilustra hacia donde nos dirigimos actualmente. 


El thinker vs El feeler


La lógica, realidades objetivas que todo el mundo confirma, ha dado un paso al lado, abriéndose paso el hooliganismo como alternativa. ¿Acaso el dibujante intenta criticar a la izquierda, o se inclina más a favor del moralismo de la derecha religiosa?. En cualquier caso esto es un peligro para la libertad, la igualdad ante la ley y la responsabilidad individual. Una corriente que desnaturaliza el lenguaje, impide el pensamiento crítico, genera autocensura y transforma a muchos en neuróticos tiranos, creando problemas de convivencia donde no los hay.

Y así nos hemos convertido en seres con gran corazón pero poco espíritu crítico, con mucha empatía pero poco conocimiento, ofendidos a todas horas en un mar de quejas y reivindicaciones: el pequeño hombre occidental se va al carajo.

En este caso, el artista dibuja al thinker, una persona que se guía por el pensamiento, sustituida por el feeler ya que el humano se guía más por el sentimiento, condición que prioriza y considera la más importante. El autor de la caricatura no está pensando en un ámbito o campo en concreto, sino que reflexiona sobre la vida y la realidad en sí misma: estamos instalados en la "casa de las quejas" donde el 'thinker' es sustituido por el 'feeler': pensamiento por sentimiento. ¿Y si, como no nos gustan las dualidades, hiciéramos el pedestal más grande para que pudieran convivir al Thinker y al Feeler? ¡Pues al menos sus discusiones tienen que ser apasionantes!

El triunfo del pathos sobre el logos y el ethos


Ante la situación, existen tres tipos de argumentos persuasivos o modos de apelación ante el discurso que la caricatura nos transmite: los relativos al ethos, al pathos y al logos.
  • El Ethos: expone argumentos de orden afectivo y moral. El foco está en el emisor del discurso, y se apela a su autoridad, honestidad y credibilidad. Responde a la pregunta: ¿Qué actitudes debe adoptar el orador para inspirar confianza a su auditorio?
  • El Pathos: son argumentos de orden puramente afectivo, dirigidos al receptor del discurso. Ejemplo: los fumadores no dejan de fumar cuando leen estadísticas sobre cáncer de pulmón; dejan de fumar cuando ellos mismos o personas muy cercanas tienen cáncer. Efectivamente, como argumentos emocionales pueden utilizarse historias, anécdotas, analogías, metáforas, símiles; en cualquier caso debe ser contado con pasión
  • El Logos: se ciñen al tema y al mensaje mismo del discurso. Nos adentramos en el dominio de la dialéctica. Se utilizan los argumentos lógicos apoyados con evidencias sólidas, apelando a la razón y a la inteligencia de la audiencia.

Stephen R. Covey define estos tres argumentos de forma precisa en Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva
Ethos es la credibilidad personal, la fe que la gente tiene en nuestra integridad y competencia. Es la confianza que inspiramos, nuestra cuenta bancaria emocional. Pathos es el lado empático, el sentimiento. Significa que uno está alineado con el impulso emocional de la comunicación de otra persona. Logos es la lógica, la parte razonada de la exposición.”

Para mantener la credibilidad (ethos) es importante alcanzar un equilibrio entre argumentos lógicos (logos) y emocionales (pathos). Pero cuando la apelación afectiva (pathos) deja a un lado o supera a los datos y hechos (logos), nuestros resultados serán no ya óptimos, puede que ni siquiera sean satisfactorios. Por supuesto que es necesario exponer los hechos acompañados de atractivo emocional, pues todos sabemos que la emoción mueve a la acción más que la razón, pero siempre deberemos tener en cuenta que sólo con este prisma obtendremos sesgos en nuestras conclusiones y tasas de error mayores.