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sábado, 28 de noviembre de 2020

Organización líquidas: be water aplicado a las empresas


La irrupción de la digitalización y por ende nuevos modelos de negocios están generando tensiones de toda índole en las empresas, no ya para mantener los niveles de rentabilidad esperados, sino ganar la habilidad de ganar la lucha de la supervivencia. La vida media de las empresas, que se ha mantenido más o menos estable durante décadas durante los últimos 100 años, ha ido cayendo paulatinamente desde la aparición de internet, siendo la pendiente negativa más acentuada año a año. En este escenario cada vez cobra más fuerza el concepto de organizaciones líquidas.


Como su nombre indica, las organizaciones líquidas son como el agua, sin forma definida pero sí volumen: esto es, son reales (no son artificios), pueden adoptar multitud de formas (son adaptables) y características ad-hoc (personalizables) en función del reto al que nos enfrentemos, o al sector en el que nos encontremos, y el cliente al que tenemos que honrar. Otras características que tienen son: 
  • Cohesión: en un líquido es la fuerza de atracción entre moléculas iguales. En una organización, siguiendo el símil, serían los lazos de dependencia establecidos entre las áreas existentes y las personas que los componen
  • Adhesión: en un líquido es la fuerza de atracción entre moléculas diferentes. En una organización, estos lazos hay que construirlos y mantenerlos para que cada día sean más fuertes, lo cual requiere trabajo diario.
  • Tensión superficial: en un líquido es la fuerza que se manifiesta en la superficie de un líquido, por medio de la cual la capa exterior del líquido tiende a contener el volumen de este dentro de una mínima superficie. En una organización, sería la cohesión que necesitan los equipos para actuar como un sólo ser, todos a una, de manera armónica y sin permitir fugas.
  • Capilaridad: mientras que en un líquido es la facilidad que tiene para subir por tubos de diámetros pequeñísimos (capilares) donde la fuerza de cohesión es superada por la fuerza de adhesión, en una empresa podemos ejemplificarlo como la capacidad de encontrar los resquicios o las oportunidades en el entorno en el que se desenvuelve, creciendo en ambientes adversos.

Frente a estructuras jerárquicas y piramidales, que priorizan y pone el foco en los movimientos y flujos de información verticales frente a los horizontales, las organizaciones líquidas son estructuras planas, organizadas por proyectos en los que colaboran perfiles profesionales de diferentes disciplinas y los líderes de los equipos, que van cambiando en función del proyecto, son elegidos por sus competencias concretas para cada caso.

Entre las características de las organizaciones líquidas destaca:
  • la colaboración se convierte en un requisito fundamental
  • la diversidad de los equipos aporta riqueza a los proyectos y contribuye a su éxito. 
  • la escucha activa y el feedback constante se convierten en competencias fundamentales
  • la Gerencia empodera a los equipos de manera explícita
  • ocupa todos los espacios que se puedan generar, tanto a nivel organizacional interno como de cubrir las expectativas del cliente
  • una formación continua y por rúbricas permite dar respuesta a cada necesidad concreta.
  • la estructura de equipos multidisciplinares que van cambiando en función del proyecto tiene ventajas como la optimización de costes, la adaptabilidad y la agilidad

Por contra, el concepto de una organización 100% líquida es un concepto extremo, radical y difícilmente aplicable:
  • genera rechazo en muchas personas por tener que estar continuamente fuera de la zona de confort,
  • inasumible, en tanto en cuanto puede llegar a dejar extenuado a los miembros del equipo (de cuando en cuando hay que volver a llenar los depósitos para volver a emprender nuevos proyectos)
  • puede provocar fricciones, para lo cual es importante la figura de los jefes de proyectos o mediadores.

Pero para ser una organización líquida no es necesario ser una start-up sino que es necesario disponer de la mentalidad, las personas, la tecnología y los espacios y entornos de trabajo adecuados que fomenten la colaboración y la co-creación, identificando y cuidando el talento, promoviendo el trabajo en equipo por encima de la individualidad (1+1=11, no 1+1=2), la gestión por proyectos, abierto a aprendizaje continuo y capaz de vivir en el cambio. Unos rasgos que permiten, en última instancia, a la organización pueda adaptarse a cada situación y momento de negocio de forma ágil, ¡como un líquido! y, por tanto, sobrevivir gracias a una mayor productividad y eficiencia.