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sábado, 1 de abril de 2023

Noche de furia en Berlín (por una maleta olvidada)



Me gustaría compartir con vosotros la siguiente historia, toda una experiencia personal, acontecida a principios del mes de Marzo en #Berlín , ciudad de los espías por antonomasia: acerca de cómo una situación inverosímil, rocambolesca y naïve provocada inintencionadamente por el que suscribe se revolvió contra mí, convirtiéndose en un escenario semi apocalíptico; y de cómo, a base de determinación, conocer el sistema con sus fortalezas y debilidades, creer en uno mismo, acudir a la experiencia y tener fe en las personas, fui capaz de revertir la situación. Porque sí, spoiler: hay #finalfeliz.  


Y es que: #loquemepasaaminolepasaanadie   

Contexto: 14 de marzo, Evento Rethink! Smart Manufacturing Europe 2023 en Berlin.   

1730h. Hotel ProArte Berlin. Cierre del evento #SmartManufacturingEU . Momento de plegar velas y arreglar el planeta con tu Supervisor mientras tomas unas cervezas. Debate sobre lo humano, lo divino y para cuándo el final del mundo mientras la camarera me monta un pollo porque le quito la mostaza a la mesa de al lado en vez de pedírsela a ella. Lo que no entiendo es por qué se llevó la nuestra cuando nos puso las patatas fritas de bolsa.   

1900h. Estación de tren - Bahnhof Berlin Friedrichstraße. Tengo mi billete de ida y vuelta sacado en el aeropuerto, así que kein problem: no hay nada como tomar un tren en el que coinciden final de trayecto y tu destino - no tiene pérdida y te puedes quedar dormido, pues te despertará el revisor cuando haga la ronda antes de la siguiente partida.   

1905h. Subo al tren. Me acomodo. Es rojo, sin más. Coloco el equipaje (maleta de viaje que heredé de mi abuelo y una mochila de ordenador con forma de caparazón - muy bonita y además parezco una tortuga ninja, pero nada funcional) en el hueco del asiendo contiguo. Voy a llamar a casa para decir que todo en orden. Mientras hablo con #valencia y #california via #whatsapp, ¡ostras!, que no he validado el billete - no pasa nada, acaban de anunciar que el tren va con retraso. Honremos la cultura alemana y su obsesión por la perfección: asomo la cabeza y visualizo la maquinita a escasos 5 metros de la puerta, así que me apresuro a validar el ticket. El dispositivo hace su trabajo y ya tengo el billete con la fecha impresa: me giro, orgulloso de mi buena acción del día, más a falta de escasos dos metros de volver al vagón, la señal sonora indicativa de Cierre de Puerta suena delante de mis narices, mientras me abalanzo con cara de incredulidad pero sólo alcanzo a darme de bruces con ella.   

"Que se ha cerrado la puerta, que se ha ido el tren", balbuceo repetidamente mientras retransmito mi performance a toda Valencia y California, que asisten extasiados al desarrollo de la tragicomedia mientras comen palomitas sentados en un sofá. Me siento como Jim Carrey en El Show de Truman. No me lo puedo creer, y no puede ser que me esté pasando a mí. Eso sí, mi momento de gloria no hay quien me lo quite: me he convertido en la atracción del andén. Desde casa preguntan qué ha pasado, y cómo ha podido pasar. Estoy en shock, sin documentación ni ropa de abrigo, pero con mi ticket validado, una tarjeta de crédito y mi teléfono personal. Corto la llamada de WhatsApp sin ni siquiera despedirme.  

1910h. La incredulidad me dura 15 segundos. Tengo que hacer algo o al día siguiente no vuelvo a Valencia salvo milagro - que no me pidan la documentación. Pero seguro que hay alguna solución, tiene que haberla. Bajo al vestíbulo donde están todas las tiendas típicas de cualquier estación de #movilidad y las oficinas de información. Voy primero a Deutsche Bahn, la Renfe alemana, y les explico la situación, pero me remiten al mostrador de Información de Metro Berlín. Corriendo acudo a esta segunda localización, pero…. Como era de esperar, me envían de vuelta al inicio de mi periplo - es entonces cuando reniego de la falta de voluntad por ayudar y de hacer lo mínimo necesario. Murmullo y maldigo al mismo tiempo. Vuelvo a DB y repito mi situación, ante lo cual me ofrecen un folleto con teléfonos, entre ellos el de Objetos Perdidos. Se me ocurre que aquí tengo poco que hacer y que lo mejor es que yo mismo persiga la maleta.   

1915h. Sale el siguiente tren hacia la estación, pero hace parada en todas las estaciones: mal, pero es lo que hay, así que no queda otra y subo. Mientras me acomodo visualizo mentalmente cuáles deben ser los siguiente pasos: sigamos el procedimiento establecido, que para eso está. En función de los resultados, podremos hacer algo en el aeropuerto o plantearnos acciones más radicales.   

Seamos optimistas y dejemos correr nuestra imaginación bondadosa: un alma caritativa se habrá apiadado de mí y mi maleta, y con una intuición mayúscula, recogería las maletas y las llevaría directamente a Objetos Perdidos. Mientras tanto, a por la acción de emergencia: Objetos Perdidos.   

Llamada en espera de 15 minutos con una música infernal que sólo da ganas de colgar, pero es que no tengo otra alternativa. Finalmente un señor muy amable me torea y me dice que hasta que no reciban algo, no pueden hacer nada. Hay que buscar alternativas: el 112 alemán, seguro que de un telefonazo envían a alguien a recoger la maleta.   

Llamo, responden enseguida y les persuado del riesgo de que se pueda considerar mi equipaje como una potencial bomba que no es: ni por esas. Estos, que son más papistas que el papa cuando quieren, están en modo relax y no hay manera de levantarlos del modo slow. Pues sólo queda esperar y jugárnosla a lo que nos encontremos en el aeropuerto de Berlín.   

20.00h. Llegada al aeropuerto. Visualizo las maletas de los pasajeros, por si algún alma cándida se ha dignado a sacarla. Nada. Empiezo buscando trenes similares al que perdí: rojo. En el momento de la llegada, al menos dos están parados otros andenes. Paso de una plataforma a otra subiendo y bajando escaleras como si no hubiera un mañana, pero mi búsqueda es infructuosa.   

La oficina de Objetos Perdidos es mi próximo objetivo: de lejos la visualizo pero tiene las luces apagadas. Me acerco y a las 17h cierran. Una posibilidad menos, y mis recursos se están acabando, quizás hay que pensar en un plan la manera de subir al avión sin que me pidan el DNI. Me encaro cabizbajo, taciturno y arrastrando los pies hacia el hotel, que espero sea misericorde conmigo y no me pida papeles. Es entonces cuando me encuentro con un mostrador de información y una señora bajita y sin rasgos germanos. Última bala. Le comento la historia, y primero me regaña para sugerirme que intente hablar con algún conductor de tren, pues entre ellos y sus trenes se pueden comunicar.   

La esperanza es lo último que se pierde, así que bajo de nuevo a los andenes. A lo lejos hay un tren parado y dos señores charlando amigablemente con uniforme, presumiblemente, de revisor. Me acerco a ellos con cara de cordero degollado, les cuento la historia, y al menos muestran cierto interés. Me aproximo al panel de los horarios para ganar precisión en mi relato: les indico la hora de llegada del tren con mi maleta, y mi número de tren.   

Comentan entre ellos en alemán, hacen alguna búsqueda en sus móviles respectivos y proceden a llamar. Cinco minuto de angustia. ¡Touche! Parece que han dado con el tren de mi maleta, y a continuación, con mi equipaje! Y me indican que, para recuperarla, debo volver a Berlín Estación Central y esperar al paso de un tren por la vía 12 a las 22:20h. Será un tren doble, y la maleta estará bien el final del primer tren, bien al principio del segundo. ¡Vamos!. Las posibilidades han crecido, tenemos que hacer un último esfuerzo.   

Subo al siguiente tren hacia Berlín, con la fortuna de que uno de mis nuevos amigos también viajará en él. El viaje se hace interminable, pero finalmente llego a las 2200h a mi destino, y mi amigo el revisor se asegura que haga lo correcto. Me separan 20 minutos de mi equipaje, si lo consigo será una historia para ser recordada. Me encuentro con una parrilla de horarios y la aprovecho para, concienzudamente, verificar que efectivamente por esa vía pasará un tren - eso pone el papel. ¡Que no haya retrasos! Cruzaremos los dedos.   

Tras 20 minutos que se estiraron como un chicle, aparece efectivamente, a la hora acordada, un tren rojo similar al que dejé escapar. De hecho, ¡dos trenes concatenados! Por ahora todo coincide. Mi posición en el andén está demasiado adelantada, así que pasan por mis narices el culo del primer tren y la cabeza del segundo, pero no me ha parecido ver nada reseñable. No obstante, esprinto para posicionarme donde toca, entre los dos trenes. Y es entonces cuando me aparece un ángel de la guarda vestido de revisor, la maleta de mi abuelo y la mochila de mi ordenador, y me informa rápidamente que ha verificado que todo está en su sitio. Le doy un abrazo y las gracias en inglés y alemán, mientras se introduce de nuevo en el vagón para hacer el bien, quien sabe a cuántas más personas.   

Bueno, respiro profundamente y dibujo una medio sonrisa en mi cara mientras encaro hacia mi próximo tren, el que me llevará, otra vez y de manera definitiva, al aeropuerto de Berlín. Valido un nuevo billete con tiempo más que de sobra. De camino, todo son llamadas y agradecimientos. La adrenalina por las nubes y la certeza de que no podré dormir esta noche.   

Menuda aventura: a las 23:20h entraba en el hotel. Me han sobrado 40 minutos de mi objetivo de solucionar el problema antes de medianoche. Al día siguiente, pude volar sin sobresaltos a casa. Dicen que la gente estresada recurre a los deportes extremos para poder evadirse y olvidar los vaivenes de las jornadas de trabajo interminables. Yo, cuando lo pienso, todavía se me acelera el corazón.   

¿Lo que más me llamó la atención? 


Agradecí que mis pertenencias hubieran viajado por todo Berlín sin ser tocadas Que nadie informara a la policía de que un equipaje viajaba sin atención Estaba convencido de que el sistema, o dicho de otro modo, Deutsche Bahn, me podía dar una solución, pero se pusieron totalmente de perfil     

¿Aprendizajes? 


Muchos: 
  • Cómo un segundo puede cambiarlo todo - de visualizar una tarde agradable frente al ordenador escuchando música, a ponerme en mono trabajo, sacar lo mejor de mí y, en definitiva, pasar una noche de furia en la ciudad de los espías 
  • Somos responsables de nuestras acciones: no podía señalar a nadie más que a mí por el error perpetrado, y de la misma manera, me aferré a mí y mis cualidades, con mis virtudes y defectos, para sacar la situación adelante 
  • Ser más papistas que el papa puede ser contraproducente: validar el billete, por mucho que estés en Alemania, fue un riesgo innecesario: seguro (o no) que el revisor, que nunca pasó, lo hubiera entendido (o no) puesto que es de sentido común que ese billete va a morir conmigo cuando vuelva a casa. 
  • Qué frágiles somos: sin documentación, sin ropa, y sin posibilidad de reacción porque eran las 8pm pasadas, los efectos eran bastante dolorosos. 
  • Si buscas a la suerte, las probabilidades de encontrarla aumentan exponencialmente. 
  • En realidad creí en mí mismo porque era lo único que me quedaba, y con los medios que disponía (mi móvil personal, el ticket validado y la tarjeta de crédito), llegué todo lo lejos que pude. Cuando estas tan sólo, te aferras a lo que tienes. 
  • La cara de perplejidad me duró… 15 segundos: en seguida me puse manos a la obra. Tenía hasta media noche aproximadamente para solucionar el entuerto, y a las 23:15 estaba entrando en la habitación del hotel (corría riesgo de no-show, pero por fortuna esto no tuvo lugar) 
  • En realidad, de todo el equipaje que transportaba, lo único que me interesaba era: 
    • La cartera, obviamente: por las tarjetas, el DNI y el carné de conducir. No llevaba dinero en billetes. 
    • El móvil? No. Es un iPhone del 2017 aproximadamente cuya duración de baterías se estima en 3 horas. 
  • Vayas donde vayas, hay gente para todo pero siempre hay gente buena: sólo hay que buscarla, y luego encontrarla. 
  • ¡Qué importante es reírse de uno mismo! 

¿Y a vosotros? ¿Os ha pasado algo tan rocambolesco?   





#berlin #ciudaddelosespias #resiliencia #motivacion #smartmanufacturing @weconect @ford @hotelproarteberlin  @deutschebahn

martes, 3 de septiembre de 2019

La teoría del 5% para convertir tus días en excepcionales




Nos despertamos. Trabajamos. Cerramos temas hasta la cena. Nos acostamos. Nos despertamos. Trabajamos. Cerramos temas hasta la cena. Nos acostamos. Uno y otro día. Como robots. Bucle total non stop. La rutina nos aprisiona y envuelve, machacándonos mentalmente y convirtiéndonos en seres sosos y aburridos. 

La teoría del 5%, que puede ser del 3 o del 7, eso da igual pues lo importante no es el número sino lo que representa, versa sobre la importancia de ir a la caza y encontrar los "momentos" frente al día a día monótono y aburrido, aquellos que hacen que sea excepcional e inolvidable. Esos momentazos en ocasiones hay que buscarlos, otras veces provocarlos, pueden ser oportunidades que de repente se presentan y no debemos dejarlas escapar. Sea como fuere, debemos tener la capacidad de identificarlos, ser partícipes y formar parte de ellos, disfrutarlos para luego dejarles marchar tal y como vinieron, o no. 

Ese 5%, que no tiene unidades de tiempo ni es contable, nos puede impulsar por la mañana cuando nos levantamos, debemos disfrutarlo sin pensar lo efímero que puede llegar a ser, y nos debe dar la potencia y la sonrisa para el resto del día. Será la gasolina, la energía extra para brillar en las reuniones, hacer mejor nuestro trabajo, disfrutar de quien nos rodea  y llegar a casa a tope.


Cómo encontrarlos


Lo mejor es no dejar nada al azar, hacer de sabuesos como el perro de Kloeckner, mostrar una actitud proactiva , estar atentos a la oportunidad todo el día, tener una actitud curiosa e ir más allá, no quedarnos en lo superficial. Y estirar el hilo interior que atraviesa nuestro cuerpo para que nuestro lenguaje no verbal no nos destruya el momento. 

Ejemplos del 5%


El contenido de este 5% no suele estar relacionado con el trabajo aunque puede ocurrir en él con frecuencia, dado que es donde más tiempo estamos. Ejemplos de estos momentazos los hay y de todo tipo. Algunos de ellos pueden ser:

  • Lo más trivial del mundo, como tomar café con tus amigos en la oficina
  • Ayudar o escuchar al prójimo, sobre todo cuando lo están pasando mal
  • Rumores (95% serán falsos o inexactos) - algo muy extendido en nuestra cultura
  • La cara que ponen tus amigos cuando cuentas una anécdota divertida
  • Un verso suelto o un comentario polémico o provocador 
  • ¡Quien sabe!, una mirada furtiva, un susurro o un contacto inesperado
Incluso el ámbito laboral tiene sus picos guays:
  • Una felicitación, una carta de reconocimiento
  • Hacer un curso sobre una temática novedosa o un tema que te lleva machacando hace tiempo y no hay manera de cerrar
  • Un buen consejo
  • Encontrarte con un antiguo compañero, del que guardas un buen recuerdo
Es decir, nada extraordinario, y sin embargo se trata de ponerlo en valor.

Riesgos de esta teoría:


  • La concentración de eventos 5%: provoca exceso de dopamina, ergo no se puede ni dormir de la excitación acumulada
  • La frustración: pensar que vamos a encontrar ese 5% todos los días
  • La adicción, cuando recompensas pasadas provocan la búsqueda intensiva de estas experiencias, en cualquier lugar y entorno.


En definitiva, se trata de ver la vida desde un punto de vista optimista allá donde nos encontremos e independientemente de lo que estemos haciendo, porque si no somos capaces de hacerlo en nuestro entorno, tampoco seremos capaces de hacerlo en ningún destino exótico.

Carpe Diem, pues.

viernes, 23 de noviembre de 2018

¡Se trata de delegar, claro! : la delegación de responsabilidades como oportunidad para las personas y las organizaciones




Según la Real Academia de la Lengua Española, la Delegación es una transferencia de tareas, funciones, atribuciones y autoridad, que se realiza entre una persona que ocupa un cargo superior, a un inferior jerárquico para que opere en un campo limitado y acotado, normalmente con un objetivo específico.

El proceso de delegación es uno de los capítulos con más aristas en el desarrollo de una organización, así como para las partes que participan en el proceso:
  • Delegar bien proporciona oportunidades de crecimiento a las organizaciones y las personas, permite ver el negocio desde otro punto de vista y centrarse en buscar otras oportunidades.
  • Por el contrario, delegar mal puede dar lugar a un proceso de difícil digestión y quizás de no retorno, como veremos más tarde.

Es por ello que es importante realizar un proceso de delegación de una manera ordenada y transparente, eligiendo bien a las partes implicadas, dando poder y responsabilidad real, y dejando una puerta abierta a poder volver a la situación anterior.

Sea cual sea la motivación, delegar es una tarea que tarde o temprano hay que enfrentarse si queremos crecer, tanto como organización, como profesionales.

Beneficios de delegar

Debe plantearse el ejercicio de la delegación como una manera de buscar activos con potencial entre el equipo. Una vez encontrado, debe hacerse efectivo: empoderarle ante terceros y hacerle sentir responsable de todas y cada una de las áreas que se vean afectadas. Esto permite a las personas que delegan preocuparse en lugar de ocuparse del trabajo que hacían anteriormente, gestionar mejor el tiempo y poder empezar a aspirar a otros objetivos y metas, mejorando en paralelo las habilidades de liderazgo.

Otra de las bondades de delegar es la capacidad de aprendizaje y motivación a quien se delegan funciones, pudiéndose extraer lo mejor de él como profesional. En particular, la iniciativa, la responsabilidad y la ampliación y asentamiento de los conocimientos teóricos y prácticos. En definitiva, es una forma encubierta de formación.

Delegar también debe implicar, por parte de la empresa, algún tipo de concierto o mejora económica o de algún tipo.  La empresa debe tomar la iniciativa en este sentido y hacer algún tipo de propuesta a medio plazo, una vez se haya consolidado la persona y la organización.

Buscando un símil en el mundo de la construcción, delegar nos permite sentar las bases para crecer a posteriori, pues nos permite subir peldaños siempre y cuando los cimientos en los cuales basamos ese crecimiento estén bien asentados. Es por ello que se dice que el delegador es el otro gran beneficiado.


Por qué no se delega

Pero… ¿por qué no se delega? Pueden existir razones organizativas, de cultura de empresa, o incluso personales. Aquí un listado no exhaustivo:

  • Considerar que nadie puede hacerlo mejor: considerar que se es imprescindible es uno de los principales factores. Alineado con este punto, los hay que piensan que sólo hay una manera de hacer las cosas bien, y es la propia.
  • Por no fiarse: muy alineado con el punto anterior, además de que puede tener connotaciones relacionadas con la honestidad del trabajo que se ha estado realizando hasta entonces.
  • Consume mucho tiempo y esfuerzo: ciertamente a corto plazo hay que dedicar un tiempo específico, que puede ser desde unas horas a semanas o meses. Es por ello que el coste de oportunidad debe valer la pena para el delegador.
  • Por evitar compartir conocimiento: delegar implica un ejercicio de transparencia, y en ocasiones esto resulta incómodo. Si bien cada vez es menos común, pueden existir ciertos procesos o formas de hace las cosas que colocan a ciertos individuos en posición de fuerza ante terceros. Es por ello también que las empresas deben cuidar en ser capaces de retener el conocimiento in-house, en lugar de que quede retenido en los trabajadores.
  • Por ser el creador: algunas personas han creado una criatura desde cero y se ha convertido en su modus vivendi: es su baby, y se encuentran en cierta manera atrapado en él. Es un sentimiento similar a que puede sentir una madre por su hijo.
  • Por hábito: así es como se ha hecho hasta ahora y nadie se ha planteado cambiarlo. Esta afirmación revela un poco de acomodamiento y pasividad, así que debe evitarse, en cierta manera.
  • Porque hay cosas que esconder: casos en los que el delegador hace un uso fraudulento de su puesto de trabajo, para beneficio propio. Lógicamente en estos casos, el último interés de éste es el de delegar. Aquí entra de nuevo en  la ecuación la honestidad de las personas.


Cómo proceder a la hora de delegar

¿Por dónde empezar? Una vez quien delega está plenamente convencido, debe enfrentarse al reto de elegir a la persona adecuada, caso de que no la elijan por él / ella, y establecer un plan de trabajo limitado en el tiempo entre las dos partes, indicando el alcance de las actividades a delegar y definiendo la forma en que se va a producir el proceso. Hecho esto, queda la parte más complicada, que es la de monitorizar al delegado. Para ello, los siguientes puntos son un must:
  • Establecer objetivos claros y cuantificables: fundamental e irrenunciable. Permite establecer claramente el marco de trabajo y las prioridades, no dejando desorientarse a la persona ahora responsable.
  • Establecer una sistemática de seguimiento: plantear reuniones periódicas sobre los objetivos arriba fijados.
  • Dar guía y consejo sin interferir y en interno, cara a cara pero alejado de los ojos de terceros.
  • Dejar equivocarse, pues permite aprender y entender el por qué de las cosas.
  • Explicitar públicamente la confianza, con objeto de hacerlo visible a todas las partes de interés. Esto proporcionará a su vez confianza a la persona a quien se delga.
  • La delegación trae consigo autoridad, empoderamiento y responsabilidad de todas y cada una de las áreas del negocio: ambas partes deben reconocer este punto.
  • Desaparecer del escenario: si se delega, se hace con todas las consecuencias, para lo bueno y para lo malo. Es por ello que la persona que finalmente delega debe haberlo interiorizado y esforzarse por no inmiscuirse en las actividades de la persona ahora responsable de las actividades.



Sugerencias para la persona que delega

Es, con toda probabilidad, el rol más amargo de los que se exponen en el artículo. Debe mostrar voluntad firme e inquebrantable de querer llevar a cabo la delegación, junto con lo que comentamos a continuación:
  • Es importante interiorizar que otros no lo harán de la misma manera que uno mismo, probablemente no tan perfectamente, pero que el resultado final puede ser el mismo.
  • Aplicar la regla del 80-20: esto es, aceptar un porcentaje de culminación de proyecto de un 80% con respecto a cómo uno mismo lo habría hecho es  más que suficiente.
  • Evitar el micromanagement, porque quema a las dos partes: la que delega y la delegada, arruinando la productividad de todo lo demás.
  • Reconocer públicamente los objetivos alcanzados: muy importante para afianzar la confianza de la persona ahora encargada.

Por otro lado, actitudes negativas que pueden llevar al fracaso el proceso de delegación son las siguientes: 
  • Estar siempre encima del subordinado e indicarle cómo deben hacerse los trabajos: éste debe respirar y llevar a cabo las actividades a su manera, con su metodología y enfoque – por supuesto consejos deben ser bienvenidos. En este sentido, una labor de coaching es la más acertada.
  • Criticar el trabajo del subordinado, sobre todo en ante terceros: provoca frustración al que quiere tomar el mando, aparte de que resta autoridad. Por otra parte, los terceros no consideraran al recién llegado el interlocutor adecuado hasta que desde arriba no se le respalde públicamente.
  • Finalizar uno mismo las tareas delegadas: de nuevo el mensaje trasmitido es de falta total de confianza. En todo caso, y en cualquier escenario, la persona responsable es la que tiene que finalizar las tareas.

Consecuencias de no delegar

¿Y cuáles son las consecuencias de no delegar? Pues básicamente tres son las consecuencias:
  • Falta de desarrollo profesional de las personas, y por tanto frustración. En ocasiones se da el caso que no delegar provoca que grandes compañeros, trabajadores, fichajes que parecían prometedores, abandonen el proyecto, pues no se sienten realizados o sienten que hay un techo de cristal que es insuperable.
  • Estancamiento de la empresa: la empresa alcanzará una masa crítica determinada que será incapaz de superar. Las personas pueden duplicarse, triplicarse,…  quintuplicarse, pero llega un momento en que no son capaces de dar más de sí.
  • Como consecuencia de los dos puntos anteriores, se pierden oportunidades, o que los temas no se llevan con el nivel de precisión exigido.

Conclusiones

Como corolario: el proceso de delegación debe ser fruto de un camino de responsabilidad trufado de las siguientes ideas:

  • Pensar más en el bien general que en el particular
  • Sentarse fríamente y contemplar de una manera holística de qué manera se pueden iniciar mejor los procesos de delegación.



Finalmente, y a modo de despedida, dejamos un artículo muy interesante relacionado con cómo Mango afrontó el proceso de delegación del padre al hijo:






Publicado el 23-nov-2018. Actualizado el 20-marzo-2020, en plena crisis del Coronavirus.